A Omar Rodriguez se le va la pelota bastante a menudo en los directos y, aunque la cosa se ha estabilizado desde su nueva vida con los Mars Volta, en los tiempos de más brillo y esplendor con los At the drive-in no era raro que desafinara más que un cordero mientras lo degollan. Yo particularmente se lo perdono. Si fue capaz de grabar un disco tan determinante como Relationship of command no me queda otra cosa que mirar hacia otro lado cuando comete semejantes burradas…